Attenzione!

Esta historia está escrita en formato blog, así que las entradas más recientes están arriba. Si acabas de llegar y no quieres desvelar los últimos capítulos, ¡busca la primera entrada en el archivo del blog, lo tienes a la derecha!
¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


Att: 'Ma che cosa' STAFF

lunes, 11 de abril de 2011

Romeo - VII


La cola para entrar en Bacanal es insoportablemente larga. Será por eso de las promociones especiales, pero llevamos aquí plantados cerca de media hora. Suspiro y me recuesto contra la pared más cercana, dispuesto a cerrar los ojos un momento para… ehm… para relajarme, supongo.
¡No te duermas! me sobresalta una voz en la oreja.
Por poco me resbalo y caigo al suelo. Miro enfadado a Camillo.
¡Que no me duermo! Estoy… dirijo mis ojos al cielo, buscando una buena respuesta. Descansando los ojos.
Già… ahora se le llama así se burla.
Bah. Camillo siempre está igual; vive por y para las fiestas. Alessandra y Claudia intercambian una mirada conmigo de resignación. Yo me encojo de hombros.
Miro hacia delante. De verdad que está cola me está matando.
Esto no es normal… insisto.
Claudia se me acerca y empieza a juguetear con el pañuelo a rayas que llevo al cuello. Luego, con aire indiferencia, mira hacia la entrada.
¿Crees que pasará hoy algo?
Sé perfectamente a qué se refiere. Miro de reojo a Camillo y Alessandra. Esta le está gritando al oído que no piensa cuidarle ni una sola vez más. Camillo, por su parte, se ha puesto a hablar con unas chicas que nos siguen en la cola.
Ug. Esto va a acabar mal.
Todos en clase creemos que Camillo y Alessandra terminarán juntos. Ellos se gustan; es una tontería pensar lo contrario. Las miradas y los gestos lo demuestran. Lo que pasa es que Camillo es un vividor, un don Juan. Y Alessandra es demasiado orgullosa para admitir que quiera algo con él.
En fin.
Yo me llamo Camillo, dios de las Bellas Artes de…
Esto se está desmadrando. Ante la mirada de alerta de Claudia, me acerco a Camillo.
Tranquilo, todopoderoso dios de las Bellas Artes… le sigo el juego mientras le empujo hacia Claudia, de manera que pueda dejar de incordiar.
Cuando le aparto, descubro al grupo de cuatro chicas que estaban soportando su perorata. Me encuentro en la obligación de disculparle:
Ehm… está desesperado porque llevamos aquí como, no sé, siglos –sonrío.
Es comprensible. Y más a estas horas, después de todo el día en clase. Quién no lo estaría…
Dirijo mi mirada hacia la chica. De grandes ojos miel y pelo rubio hasta la cintura, lleva un vestido blanco que resalta el moreno de su piel. Está muy guap… qué demonios. Es guapísima.
Francesca me tiende la mano.
Romeo se la estrecho.
Le vuelvo a sonreír y ella agacha la cabeza para volver a mirarme, a continuación, con simpatía. De repente, una amiga suya rompe el contacto.
¿Tú bailas?
Ahm… me sorprendo y la observo. ¿Cómo?
Te vi en la función del año pasado ríe y explica-: Mi hermano es Giordano.
Ma… ¿En serio?
Alessandra me tira del brazo. La cola ha empezado a moverse. Por fin. Mientras llegamos a la entrada, seguimos hablando. Francesca es realmente simpática, un encanto de chica. Su amiga insiste en lo bien que baile, y yo intento restar importancia a sus piropos.
Una vez penetramos en la oscuridad de la sala, nos despedimos.
Algún día iré a verte a bailar agrega Francesca con otra sonrisa.
Me encantaría admito.
Me aferro a la mano de Claudia, que me conduce hacia la barra. Detrás de nosotros Camillo y Alessandra nos siguen. Pero, de repente, Camillo se va hacia un lado de la sala y lo perdemos de vista. Alessandra va tras él.
Agito la cabeza, y Claudia suspira.
Déjalos.
¿Qué? intenta escucharme.
Que-los-de-jes.
Nada. Imposible. Intercambiamos unos gestos que indican que ella va al baño y yo pediré algo para los dos. Intento hacerme un hueco en la barra, mientras intento hacerme pequeño. Si Fabiano está ya aquí, no sé si quiero que me vea. Y Tae-Min… a saber. Ahora le enviaré un mensaje.
Pido a un ajetreado camarero dos cubatas. Tarda unos minutos que dedico a estudiar mi pañuelo. No sé si quiero hablar con Fabiano, o si quiera verlo. ¿A qué vino eso de antes…?
Cuando me los da, y me dispongo a marcharme, recibo un empujón. Me desestabilizo y el líquido se derrama… sobre la camiseta de un chico que está a mi lado. Agh. Mierda.
Ma… Excusi, excusi!
El chico se gira.
No me lo puedo creer: es Giulio.
Ah… las palabras no vienen a mi boca. Yo…
Me observa con furia. Coge unas servilletas de la barra e intenta, sin éxito, secarse. A su lado un chico de ojos enormes me mira, pero yo estoy demasiado preocupado. Siempre la cago. Mierda.
En serio, que lo siento insisto.
No parece que quiera hablar conmigo. De hecho, se dispone a marcharse.
Giulio, espera dejo un cubata y le cojo del brazo.
El contacto parece sacudirle como una corriente eléctrica. Bruscamente, se aparta, repugnado. Me observa una última vez; su mirada es fría, abrumadoramente fría. “Enano” y “torpe” son las únicas palabras que consigo distinguir en medio del barullo. Luego, se aleja.
Me muerdo el labio inferior y dejo el otro cubata en la barra.
Pues empezamos bien la noche… 

1 comentario:

  1. Aaaaaaaaaaahh!! ¿¡Por quéee!? (me tiro de los pelos hasta la siguiente entrada)...

    De verdad, me encanta!!

    ResponderEliminar