Estoy tendido cuan largo soy sobre la
moqueta de la habitación de Tae-Min. A mi lado reposa un cuenco de plástico con
comida china en su interior. De hecho, el dueño del cuarto no para de sorber
ruidosamente la sopa que nos ha preparado su madre. Pero yo… yo no puedo
ingerir nada más.
Mi cuerpo lo escupiría violentamente.
La idea de ver a Giulio esta misma
noche es lo que me provoca. Unos nervios que me impiden comer nada.
—Así
no vas a crecer nunca –se burla Tae-Min, entre trago y trago.
—Bah… —gruño.
—¿De
verdad estás así por lo de esta noche? —quiere
asegurarse, y percibo que ya no queda rastro de broma en su voz.
Me incorporo y lo observo fijamente.
Está realmente curioso. Con la cuchara llena y a medio camino de su boca. Sus
ojos me transmiten algo que no sé descifrar. Me da miedo, de alguna manera,
hacerle daño con mi respuesta. Por eso, finalmente, decido encogerme de
hombros.
—Puede…
—No sé
cómo… —se
calla, repentinamente rabioso—.
Ese tío te despreció… ¿Lo recuerdas?
—Sí,
claro que lo recuerdo –contesto, herido.
—¿Y
entonces?
—¿Entonces
qué? —me
enervo.
Tae-Min entrecierra los ojos y desvía
la mirada.
—Nada —frunce los labios.
—No
tienes por qué venir si no quieres…
—Eso
es lo que te gustaría, ¿no? —se le
escapa.
—¿Pero
qué dices? —trato
de sonreír a pesar de que me ha dolido su comentario—. ¿Cómo puedes…?
—Olvídalo,
¿vale? Es que no soporto tener que ver a ese tío —insiste—. Y creo que deberías
tener un poco más de dignidad…
—Mira,
la dig…
Me suena el móvil e interrumpo la
frase. Tae-Min vuelve a concentrar su mirada en la sopa, y se lleva a la boca
otra cuchara desbordada de líquido y tallarines. Suspiro y me llevo el teléfono
a la oreja.
—¡Romeo!
—reconozco
a Claudia—.
¿Cómo quedamos para esta noche?
—¿Vais
a venir al final?
—Sí, ¿no?
—se
extraña—. Ese
era el plan. Averiguar de qué va Giulio de una vez por todas, ¿no? —repite.
—Sí,
sí… Claro.
—Vale,
pues ahora llamo a este par para recordárselo.
—Deja,
ya llamo yo a Camillo.
—Venga,
vale. Hablamos luego.
Cuelgo el teléfono. Miro de reojo a
Tae-Min y él hace como si estuviera muy concentrado en su comida. Sacudo la
cabeza.
No tengo ni idea de cómo acabará el
día de hoy…