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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


Att: 'Ma che cosa' STAFF

domingo, 3 de abril de 2011

Romeo - V


Me dejo caer sobre el suelo, justo debajo de la ventana, y resoplo. Tae-Min me conoce lo suficiente para preguntarme qué me sucede, pero sacudo la mano para quitarle fuego al asunto. Sinceramente, no quiero hablar más del tema.
Forma parte del pasado.
Entonces… ¿Has ido al Coliseo? me pregunta.
Sí. Hoy hacía un día estupendo… suspiro. Pero no estaba especialmente inspirado agrego en referencia a mi comportamiento.
Ya, puede pasar…
Vuelve a vibrar el móvil en mi bolsillo, y me apresuro a llevármelo al oído. De nuevo, es Ángela.
¡Rooomeo! sonrío sin quererlo. ¿Dónde paras?
Con Tae-min le confieso mientras dirijo una mirada a mi amigo, que enarca las cejas, curioso—. ¿Por?
Tenemos que organizar un nuevo plan.
¿Un plan? ¿Para qué? me confunde.
¿Te acuerdas de…?
Comienza a hablarme de tantas personas e historias a la vez que me pierdo. Lo único que sé con seguridad al final es que se trata de un lío amoroso. Y, según Ángela, tiene que acabar con un final feliz.
Entonces, esta noche… comienzo, pero me interrumpe:
Sí, esta noche es la noche. Pero primero tenemos que preparar todo. ¡Tienes que venir!
Maagito la cabeza y suspiro, resignado. Bueno, está bien. Ahora iré para allá.
Cuelgo y miro de reojo a Tae-min. Parece algo afectado por la noticia de que me tenga que marchar.
Sé que últimamente no me paso nada confieso. Pero es que Carlo nos está dando mucha caña. Dentro de nada tenemos un concurso y…
No te tienes qué excusar conmigo me corta, y desvía la mirada. Anda, vamos para abajo, que si no Ángela te matará me tiende la mano con una mueca resignada, y me apresuro a cogerla.
El contacto es reconfortante. Cálido. Cuando estoy con Tae-Min las cosas parecen sencillas; todo marcha bien. Tiene la curiosa capacidad de conseguir calmarme, de que me tome la vida sin prisas.
Salgo del restaurante más tranquilo conmigo mismo, menos inquieto por el incidente de esta mañana.
Tomo el primer autobús que pasa, y al cabo de unos minutos, me encamino hacia casa. El sol se ha ocultado un poco como consecuencia de la tarde, que empieza a teñir el cielo de colores oscuros. Sin embargo, todavía se observan sus débiles rayos en la acera, casi luchando por no desaparecer.
Nada más abrir la puerta de la entrada, se me echa Ángela encima.
¡Ya estás aquí!
Me río y la separo con cuidado. Casi me asfixia.
¿La mañana productiva? me pregunta con una sonrisa.
Eso me hace que recuerde que prácticamente no he comido. Tan sólo el crêpe que me preparó mi padre esta mañana. Entre deambular por Roma, las clases de baile y el restaurante, no he tenido tiempo para planteármelo.
Sí, productiva asiento con una sonrisa y me dirijo hacia la cocina. Ángela, por detrás, me sigue dando saltitos.
Ya se me ha ocurrido un plan.
Se apoya en el quicio de la puerta. Mientras, busco en los cajones algo para comer.
Recuérdame de qué iba la cosa le pido.
Oh, claro… Mira, era sobre…
Mientras vuelvo a escuchar una historia tan enredada como divertida, en mi cabeza se reproduce la mirada de un chico. Y me pregunto, sin querer, si en la historia de su vida hay amor, o desamor. 

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