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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


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viernes, 15 de abril de 2011

Romeo - VIII


Pasa de él.
Me sobresalto al escuchar esas tres palabras en mi oído, más aun teniendo en cuenta el elevado volumen de la música. Dirijo mi mirada hacia la voz y descubro los ojos de Fabiano mirándome fijamente.
Vale. Ahora sí que la noche se está empezando a torcer. Todavía no he tenido la oportunidad de pensar tranquilamente en todo lo sucedido con Fabiano. Y resulta que está aquí.
Me separo con más brusquedad de la que quiero.
Romeo…
En serio, necesito escapar. Ahora mismo. No sé muy bien por qué.
Intento escabullirme entre la multitud. Sé que es un gesto infantil; soy consciente. Pero es que no puedo enfrentarme ahora a esto.
Fabiano me sigue hasta llegar a una pared cercana a los servicios. Allí me detengo y me dejo caer hasta sentarme en el suelo. La música y el humo me confunden. Y su presencia, todavía más.
Se agazapa enfrente de mí. Sus manos se posan sobre mis rodillas. Levanto la cabeza y lo observo, inseguro e inquieto. Desde esta altura, parece más sencillo escuchar. Al menos, puedo oír sus respiraciones. Eso me pone todavía más nervioso.
Romeo… insiste.
¿Qué quieres de mí? le pregunto muy despacio.
Se relame los labios y desvía la mirada.
No, en serio… continúo. Es que no te entiendo, Fabiano. ¿A qué viene todo esto? sigue sin responder. Oye, me quieres contest…
Y entonces me besa.
Abro los ojos y parpadeo. Sé que es de mala educación abrir los ojos cuando besas a alguien, pero… no entiendo nada. No sé qué está pasando. Puedo sentir la ansiedad del beso, la profundidad que intenta imprimir en él. Y por un momento, me dejo llevar y cierro los ojos. Por la extraña necesidad de sentir calor entre toda la incertidumbre que hay en mi cabeza.
Pero, de repente, algo en mi interior se agita. Después de tanto tiempo de miradas frías y odiosas, ¿Fabiano me está besando? ¿Está borracho otra vez? ¿Soy un juguete para él?
Reviento. Exploto, literalmente. Le empujo con todas mis fuerzas. Consigo que caiga de culo sobre el suelo. Aprovecho el momento para levantarme y como puedo, correr hacia la salida. Siento su mirada detrás de mí, pero no puedo detenerme ahora.
Oigo mi nombre. Lo oigo por todos los sitios.
Consigo llegar a la puerta y salir al exterior. Una voz grave me pregunta si quiero un sello, para volver a entrar. Sin responderle, comienzo a andar calle abajo. Ya no hay cola en la calle. No hay nadie.
¡Romeo!
Reconozco la voz y me giro. Tae-Min se acerca a mí con una sonrisa amplia.
Te estaba llamando, pero no me has hecho ni caso –sus ojos achinados me transmiten una alegría que, ahora mismo, me da alergia. Dios, me duele demasiado la cabeza.
Me tengo que ir.
¿Cómo?
Que me voy.
Pero Romeo… murmura sin entender nada.
Lo siento.
Echo a andar. Puedo percibir cómo la figura de mi amigo está parada, sin saber muy qué hacer. Pero no le dejo oportunidad de que me siga y me apresuro. No quiero que por mi culpa se preocupe. Aunque intuyo que se pasará toda la noche intentando llamarme… Como si Tae-Min me hubiera oído, el móvil me suena en ese momento. Lo saco del bolsillo. Es un mensaje de Claudia.
Qué donde estoy. Bf. Pues, ahora mismo… ni yo mismo lo sé.

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