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Att: 'Ma che cosa' STAFF

miércoles, 6 de abril de 2011

Romeo - VI



Tendido cuan largo soy sobre una superficie de césped, disfruto de los rayos de sol que me acarician la cara. A mi lado, Tae-Min bosteza exageradamente. Giro la cabeza, dispuesto a hacer algún comentario por semejante rugido, y me encuentro con sus ojos alegres. Sonríe:
Es que es para dormirse, no me digas que no…
Asiento en silencio y vuelvo a orientar mi rostro hacia el cielo. Hace un día estupendo… el sol parece que quiere quedarse en Roma, y no seré yo quien se oponga a ello. Me encantan los días como estos: aventuran acontecimientos inesperados y sorprendentes.
Estamos a solo un par de calles de Danzarmonia, donde tengo clase en menos de una hora. Después de tomarnos una Coca-Cola para sofocar el calor, no hemos tenido otra ocurrencia que tumbarnos sobre la hierba del parque más cercano para hablar de lo divino y  lo humano.
Aunque creo que ahora estamos quedándonos tan dormidos que apenas articulamos tres palabras seguidas.
¿Irás a Bacanal? rompe el silencio Tae-Min.
No lo sé resoplo y me encojo de hombros. Ayer me pasé toda la noche maquinando con Ángela en un pub. Me acosté tardísimo y hoy estoy reventado. Más la paliza que seguro que va a darme Carlo me muerdo el labio inferior. No sé si voy a tener fuerzas.
Al parecer hay una promoción especial me revela. Por eso hoy va a ir un montón de gente. Los de la uni habíamos quedado para ir.
Sí, seguro que alguien de clase me lo comenta esta tarde coincido, recordando que todavía no he visto a mis amigos de Bellas Artes. Y seguro que Ángela insiste en que tenemos que juntar a esa parejita… añado y se me escapa un suspiro. L’amore.
Ma, che cosa?! pronuncia con un recargado acento Tae-Min, mientras mueve sus muñecas sobre mi cara para representar el típico gesto que define a los italianos.
Me río y le aparto las manos.
Qué payaso.
—Sí, pero tienes que enseñar exactamente cómo se hace el giro de muñeca… continua bromeando.
Aprende le digo mientras me incorporo y exhibo mi movimiento de muñeca. Esto es genética italiana me río.
Aunque el acento de mi amigo asiático es perfecto, muchas veces finge enfadarse por no lograr adoptar ciertas características de la cultura italiana. Entre ellas, el famoso giro de muñeca por el que somos ridiculizados en medio mundo.
Déjalo, anda le digo cuando temo que vaya a romperse algo, aunque sólo ver la cara de esfuerzo de Tae-Min de nuevo hace que me vuelva a reír.
Es con una sonrisa en la cara con la que me topo, de repente, con Fabiano. Acaba de bajar del autobús y parece tan sorprendido como yo de verme allí. Se detiene un segundo, inseguro. Estoy tentado de levantarme y acercarme, pero los recuerdos de una noche ya pasada me sacuden, y consigo contenerme.
Se relame los labios, echa un rápido vistazo a Tae-Min, y sigue caminando con visible nerviosismo. Observo cómo se aleja y suspiro.
Menudo idiota comenta Tae-Min, mirando también a Fabiano en la distancia.
No pasa nada le quito importancia al asunto. Luego, saco el móvil y me fijo en la hora. Será mejor que me vaya yendo…
Me despido de Tae-Min con la promesa de que me pensaré lo de Bacanal. No sé ni siquiera para me hago el interesante; sé que acabaré yendo ante la insistencia de todos. Soy fácil de convencer en temas de salidas nocturnas.
Mientras me dirijo hacia la academia, pienso en Fabiano y en todo lo que sucedió aquella noche de Navidad de hace unos meses. Habíamos quedado todos los de la academia para ir a cenar y a una discoteca. La noche era fría, y el alcohol nos calentaba, así que supongo que nos pasamos un poco.
Recuerdo bailar en medio de la multitud. Recuerdo cómo me miraba Fabiano, aunque yo pensaba que se trataban de imaginaciones mías. Recuerdo que alguien me había comentado que estaba liado con una amiga suya del instituto.
Cuando cerraron la discoteca, nos fuimos hacia casa. Fabiano me acompañó un tramo. Y, cuando nos despedimos, me besó. Así, sin más. Me empujó contra una pared y unió sus labios a los míos con una ansiedad que no correspondí, confuso. Luego, sin mirarme, se largó.
Desde entonces, no me mira, no me responde; me ignora. A pesar de que he intentado varias tácticas para demostrarle que no pasó nada, desde la indiferencia absoluta hasta la simpatía más amable.
Y nada.
Entro en la academia y me dirijo hacia los vestuarios. Llego a mi taquilla y empiezo a sacar todo el material. Entonces, una pregunta me sobresalta.
¿Irás a Bacanal?
Casi parece un deja-vú. Pero no es un amable asiático quien me lo pregunta, sino Fabiano, que detrás de mí, se apoya en una taquilla. Me vuelvo hacia él y trato de descifrar su mirada. Luego, vuelvo a concentrarme en mi mochila.
Quizá.
Espero que ese quizá se convierta en un sí... Te veo esta noche.
Me giro, dispuesto a preguntarle qué demonios quiere decir con eso. Pero ya no está, y en su lugar, flota una duda que no sé cómo interpretar.

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