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martes, 19 de abril de 2011

Romeo - IX


Acodado en la barra de Il dolce sorriso¸ echo un rápido vistazo sobre el boceto que descansa en el papel blanco. Agh; si es que no me gusta nada. Maldita sea. Tengo que entregarlo esta semana sin falta.
Pero, como hace escasos minutos, lo único que hago es mirar de reojo el móvil. Esperando… yo que sé qué.
Lo cojo y reviso el último mensaje recibido. Es de Tae-Min, y me increpa qué me pasó anoche. Lo vuelvo a dejar sobre la barra y suspiro. No sé si me apetece hablar con alguien de Fabiano. Estoy todavía desconcertado.
Me paso las manos por el pelo y me lo desordeno. Maldita sea.
¿Cómo va eso?
Ehm… Va, que ya es algo.
Mi padre sale del almacén y mira el dibujo. Frunce el ceño.
Ahm… qué bonito.
Babbo sonrío. Son cuatro líneas rectas.
Sí, sí, ya.
Sacudo la cabeza y observo cómo vuelve al interior de la tienda para preparar algo. Entonces, suena el teléfono. Lo miro de reojo. Carlo. ¿Qué quiere este hombre ahora…?
Pronto?
Romeo, noticias de última hora. ¿A qué no sabes lo que me ha pasado?
Deslúmbrame resoplo mientras me paso una mano por la frente.
He plantado un huerto de tomates. Así, sin más. Me he levantado hoy y he pensado “menudas porquerías llevan hoy día…”
Bueno, así es Carlo. Además de ser el profesor de baile más excéntrico de toda Italia, de vez en cuando le dan extraños venazos que se materializan en cosas como… sí, como un huerto de tomates. Él es así.
Sí, esta gente de hoy día… Oye, te tengo que dejar.
Pero Romeo… que no sé cómo regarlos…
Cuelgo.
No estoy ahora para solventar eso. Además, posiblemente ya me machaque en la siguiente clase. En la que tendré que ver a Fabiano, por cierto. Vuelvo a coger el móvil, esta vez para mirar el número de llamadas perdidas que tengo de su número. Once. Se debió arrepentir en seguida… Ahogo una risa amarga y trato de concentrarme, en vano, en el dibujo.
No pasan ni dos segundos cuando el móvil vuelve a sonar. Me lo llevo a la oreja sin consultar la pantalla, creyendo que se trata de Carlo de nuevo. Anda que no es insistente…
No, en serio. No sé cómo se riegan los tomates… suelto nada más descolgar.
¿Romeo?
Ups. No es Carlo.
Romeo, ¿pero dónde te metes?
Tae-Min… Lo siento.
Me tenías preocupado. ¿Qué pasó ayer?
No fue una buena noche bajo la voz. Apareció Fabiano por ahí… y todo se complicó.
¿En qué sentido? se intriga.
Me besó.
Noto la tensión al otro lado del teléfono; un silencio tan incómodo como desagradable. No sé cómo reaccionará él, pero a mí el hecho de repetirlo hace que se me revuelva el estómago.
Es que… fue muy raro.
Lo supuse. Estuvo toda la noche haciendo el capullo por ahí.
¿A qué te refieres?
No sé, empezó a hacer la croqueta por el suelo… La gente tenía miedo, en serio...
Tendré que hablar con él me restriego los ojos y me lo imagino bailando por el suelo de Bacanal. Será lo mejor para zanjar el tema añado.
¿Cuándo? –inquiere con curiosidad.
Cuanto antes… ¿Cómo fue, aparte de eso, la noche?
Ah, pues bien…
Me dejo llevar por la voz de Tae-min. Y, repentinamente, unos labios acuden a mi cabeza. Son los de una persona cabreada por mi culpa, con la camisa manchada. Sacudo la cabeza y, mientras escucho a mi amigo, empiezo a dibujar de nuevo.

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