Voy a vomitar. Por favor, que alguien
me quite de encima el yunque que me aplasta la cabeza. Siento como si mi cráneo
se estuviera comprimiendo. La luz del sol me hiere los párpados y las sienes.
Estoy muy mareado. ¿Dónde…?
Después de que mis pobres neuronas se
pongan de nuevo en marcha, resoplo y gruño; mi cama, es mi cama. Estoy en casa.
Hundo la cara en la almohada y una nueva náusea trepa por mi garganta. Toso y
contengo mis ganas de devolver. ¿Qué me bebí anoche? O qué no me bebí… El mareo
se va pasando, poco a poco, y mi cuerpo entumecido parece que vuelve a la vida.
Me dan escalofríos, y, por inercia, tiro de la colcha para taparme. ¿Por qué tengo
tanto frío?
Quiero volver a dormirme. Una gran
ventaja que tengo es que los viernes no voy a clase, así que pienso quedarme
toda la mañana envuelto en las sábanas. Va a hacer falta algo realmente fuerte
para sacarme de allí. Me cruje la espalda.
De pronto, me doy cuenta de lo
estrecho que me siento en mi propia cama. El colchón es enorme, de matrimonio,
pero yo tengo el borde a pocos centímetros de la nariz. Ni idea de por qué
estoy a punto de caerme. Qué raro, suelo dormir en el centro, y no me muevo casi
nada. Sigo teniendo frío, sobre todo en los hombros.
¿Pero por qué estoy tan estrecho,
demonios?
Levanto la cabeza y miro mi
habitación. Para variar, es un desastre. La madre que me… Anoche se me olvidó
bajar la persiana. Esa condenada luz solar un día acabará conmigo, ¡que caiga
una tormenta de rayos! Sobre la colcha hay piezas de ropa, está mi bufanda y
cosas que caen al suelo cuando me muevo. Voy a ponerme en el centro del colchón.
Me incorporo.
Un momento.
En mi cama hay alguien más.
—Ma,
che…? —empiezo, pero tengo que llevarme la mano a la cara para taparme el
sol. ¿Fran? Maldita sea, qué frío tengo.
El cuerpo que invade mi cama se da la
vuelta. El pelo castaño se parta.
¡Me cago en la…!
—¡IVÁN! —grito. ¡Mierda! Ya sé por qué
tengo tanto frío. ¡Porque no llevo camiseta! ¿Pero qué diantres hicimos anoche?
Me baja un sudor frío por la nuca. Le
arreo una patada al ojiplático. Él gruñe y se da la vuelta. Otra patada.
—Para, joder… —paladea.
—¿Qué demonios estás haciendo en mi
cama? —le increpo. Se vuelve, me mira como si yo fuera un extraterrestre. O
como si la situación fuera lo más normal del mundo.
—Yo qué sé… —se frota la cara. Resopla
—. Ah, ya. Anoche no me pude acostar. En mi cama había alguien…
—¿Que en tu cama había alguien?
—¿Pero quieres dejar de grit…?
Nos miramos con los ojos abiertos. Sus
ojos azules crecen, crecen y crecen. Se incorpora de golpe.
—¡Host…! ¡Giulio! ¿Por qué no llevo
pantalones?
Ahora sí que voy a vomitar.
—¡Fuera de mi cama, ojiplático! —lo
tiro de un empujón, va directo al suelo. En efecto, sólo lleva una camiseta de
Metallica y los calzoncillos. Seguimos mirándonos con cara de susto. Y miramos
mi puerta cerrada. Nos abalanzamos sobre ella como dos fieras —. ¡Ponte algo,
por Dios! —digo, antes de girar el picaporte.
En mi piso reina el silencio. El
cuarto de Iván está al lado de la cocina, que está al lado de mi habitación.
Con paso decidido, vamos hasta ella, pero nos paramos delante. Nos miramos. Ni
idea de lo que nos vamos a encontrar ahí. Iván sigue sin pantalones y yo sin
camiseta, por cierto.
Al final, cierro los ojos y abro la
puerta.
—¡Que se tape todo lo que no queráis
que veamos! —berrea el heavy de mi
amigo. En la cama alguien da una un gritito y se escucha un taco —. ¡Qué
fuerte, una mujer en el piso!
—¡Lorenzo! —exclamo yo.
Lorenzo y una chica que ni Iván ni yo
conocemos están revolcados y sin ropa en la cama del ojiplático. Ella se tapa
bien pronto, pero a él parece que le da igual. Nos mira, y muy tranquilo
empieza a vestirse. Desvío la vista e Iván se da una palmada en la frente.
—¡Anda! Ya me acuerdo de lo que pasó
anoche… más o menos.
—¿El qué? —gruño.
—Pues tú estabas con una chica… —se
ríe —. Pero Lorenzo te la levantó bien rápido, ¡menudo baboso! Pero no era
ésta…
A mi compañero no le ha dado tiempo a
terminar cuando yo ya estoy agarrando al imbécil de Lorenzo por el cuello de la
camiseta. Lo zarandeo.
—¡¡Óyeme bien, pedazo de rata salida,
si te ha ocurrido tocarle un pelo a Francesca, te juro que…!!
—¡Que no, Giulio! —Iván me coge del
brazo y me aparta —. ¡Que no era Fran, que Fran ya se había ido!
—¿Pero por ahí qué pasa? —balbucea el
belga, que sale de su habitación. Con otro tío. Y otra chica. Iván y yo nos
quedamos mirando, ojipláticos ambos.
Ma,
che cosa!?
viva el belga!!!! xDDD
ResponderEliminarpero me acabo de perder, si fran ya se habia ido, con quien estaba giulio?? uy uy uy!! yo quiero enterarme!!!