Las primeras notas de O fortuna golpean mi cerebro. Me
levanto, lentamente, del suelo. A mis lados se posicionan mis compañeras. Las
observo, desconcertado. Ellas me dan la espalda, erguidas y arrogantes.
Me
acerco y contemplo mi reflejo en el espejo de la sala de baile. Veo a un
muchacho pálido, ojeroso, que se pregunta demasiadas cuestiones para entender
algo. Alguien me coge de la mano y me lleva hacia el centro de la sala.
Después, se aleja.
Y entonces, explotamos.
Las piruetas y saltos se entrecruzan a
mis espaldas. Hago una fouetté, que
culmino con un pas de deux con, la
que se supone, que trata de seducirme para atraerme hacia un mundo oscuro y
tenebroso. La música vibra, nos mueve. Creo flotar, acompañado por las
bailarinas que tratan de empujarme hacia un lado u otro. Es una conversación
silenciosa, pero llena de significado.
Las últimas notas nos indican que
debemos adoptar la última posición. Ando hacia delante, y siento cómo a mi
espalda cada una adopta su postura. Me inclino, y dejo que sus figuras sepulten
mi propio cuerpo, agotado.
Y se produce el silencio.
Mantenemos la posición hasta que Carlo
da una palmada. Suspiro y me incorporo cuan alto soy.
—Bene, bene…
—comenta
Carlo mientras se acerca—.
Hoy lo has bordado —me
guiña el ojo.
Me gustaría decirle que me he
esforzado mucho para conseguir la incertidumbre que requiere mi personaje. Pero
mentiría. Simplemente, me he mostrado tal cual me siento. Eso no debe ser
bueno.
Mientras Carlo comenta fallos al
resto, no puedo evitar ladear la cabeza para fijar mi vista en los dos chicos
que calientan en la barra. Fabiano, recostado contra ella, me observa con tanta
intensidad que me quema su mirada. La aparto, contrariado. Sé que tengo que
hablar con él, pero me resulta muy difícil.
Carlo nos manda ir a ducharnos.
Llevamos horas practicando y, finalmente, ha quedado satisfecho. Antes, sin
embargo, me coge del brazo.
—¿Cómo
lo has hecho?
—¿El
qué? —me
sorprendo.
—Romeo,
tú derrochas alegría… —suspira—. Por
eso dudé tanto en darte el papel a ti. Pero, desde luego, has estado perfecto
hoy: desconcertado, dolido… destruido.
—Supongo
que gracias —murmuro.
—Pero
ya hemos acabado la representación —enarca
las cejas—.
Y puedes recuperar tu alegría.
Buceo en sus ojos y veo cómo me
pregunta qué me preocupa. Sacudo la cabeza y la resto importancia con un movimiento
de mano. Luego, me alejo para ir a los vestuarios. No se me escapa, sin
embargo, el resoplido que produce con sus labios, mientras se da la vuelta para
recoger sus cosas.
Ruego por que el vestuario esté vacío,
y asombrosamente, se cumplen mis plegarias. Disfruto de una ducha caliente que
parece resolver mis problemas al llevárselos por el desagüe. Luego, me seco el
pelo con una toalla y me visto. Salgo de la academia con la energía renovada.
Hasta que lo veo.
Sentado sobre el capó de un coche y
cruzado de brazos, Fabiano me mira. Sin decir una palabra, me acerco a él. Se
levanta y comenzamos a andar. ¿Hacia dónde? Posiblemente, hacia ninguna parte
en concreto.
VOCABULARIO DE BALLET
Fouetté: Giro sobre una pierna cuyo pie se
estira y vuelve a su posición normal durante las vueltas. La otra pierna
impulsa el giro sin tocar el suelo.
Pas
de deux:
Ballet entre un hombre y una mujer que expresa emociones intensas.
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