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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


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martes, 24 de mayo de 2011

Romeo - XIII


Resulta difícil concentrarse.
Sí, sé que todo yo así, en general debería estar esforzándose para que todo salga bien dentro de una semana, en el recital de danza clásica. Pero por una razón u otra, siempre encuentro razones que me conducen a un desconcierto completo.
Por un lado, Fabiano. Actúa con tanta amabilidad conmigo que no sé cómo reaccionar. Se muestra agradecido por nuestra conversación, y quiere demostrarlo en cada ocasión que se le presenta. Reconozco que tiene unos ojos preciosos y una sonrisa muy simpática, pero… mentiría si dijera que son los que me acechan cuando menos me doy cuenta. Los que no paran de atormentarme, estoy muy seguro, pertenecen a otra persona.
Por otro, todo el jaleo montado por Camillo y Alessandra. Últimamente sus discusiones son peor que nunca. Eso me preocupa, porque la línea que separa el amor y en odio curiosamente es muy delgada. Creo que con varios pasos en una dirección se podrían perder para siempre. Así que hay que hacer algo al respecto.
Acabo de estirarme en la barra y de desentumecer mi cuerpo. Luego, entro en el vestuario y me ducho. El agua me relaja y cierro los ojos. Antes de que, según mis cálculos, entre Fabiano, estoy vestido y dispuesto a salir. Me despido de un Carlo más malhumorado todavía resulta que sus tomates, en sus palabras, “han muerto” y salgo a la calle.
Anochece. Tengo que hacer memoria para recordar qué hora es. Comienzo a caminar por las calles de Roma y a fijarme en algunos escaparates con la intención de adquirir algún complemento para el recital de la semana que viene. Nuestro gran estreno.
Me suena el móvil.
Pronto?
Come va?
Bene, bene… ¿Y tú? ¿Con ganas de tirar rollitos de primavera por doquier?
Algo así resuelve con una carcajada Tae-Min. No, en realidad te llamaba para proponerte un plan.
Uh, suena bien aunque no me ve, enarco las cejas con falso aire seductor—. ¿Qué me ofreces?
Oigo la risa de Tae-Min, entre nerviosa y alegre. De fondo, la estridente voz de su madre le grita algo en chino que no comprendo.
¿Es mal momento? me apresuro a preguntar, serio.
¿Eh? No, no… se retira del auricular para propinar algo en su idioma que bien podría ser un insulto. Trago saliva. Ehm… lo que te decía continúa. Dentro de dos viernes actúa…
¿Dentro de dos viernes? —le corto. Sabes que ahora mismo no veo más allá del siguiente, ¿verdad?
Sí…
De nuevo, su madre vuelve a gritar. Esta vez, parece más cerca del teléfono.
Agh gruñe Tae-Min. Mejor hablamos luego, va bene?
Va benissimo sonrío.
Guardo el móvil y me dispongo a seguir observando las tiendas cuando, de repente, me choco. El contacto es frágil, tibio. Aunque soy consciente de mi despiste, sé que, al menos, no he embestido a la persona situada enfrente de mí. Levanto las manos y la cabeza en seguida para pedir disculpas.
Y en su lugar, me encuentro con unos ojos mieles.
¡Romeo!
Francesca.
Me da dos besos y sonríe.
¿Qué tal todo?
Muy bien, la verdad.
No me había fijado, pero a su alrededor hay cinco chicas que me miran con bastante interés. Trago saliva costosamente y ella, al percatarse de lo que sucede, vuelve a reírse.
Ahora tengo prisa hace una mueca—. Pero nos veremos pronto, ¿vale? me aprieta el brazo con una mirada misteriosa y comienza a alejarse. Sus amigas, cuchicheando, la siguen.
Me quedo paralizado, sin saber muy bien cómo reaccionar.
¿Nos veremos… pronto?
Un momento.
¿Qué me he perdido?

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