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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


Att: 'Ma che cosa' STAFF

domingo, 9 de octubre de 2011

Romeo - XVIII


He de reconocerlo. A mí, en particular, nunca me ha gustado el rock. Pero debo admitir que lo hacen bien. Muy bien.
Intento no perder de vista a Giulio, pero resulta prácticamente imposible cuando un hombre de dos metros se me pone delante. Me gustaría decirle que se quitara de en medio, pero no creo que sea la opción más prudente.
A mi lado derecho, Claudia me mira con pena. No le acaba de gustar el local, y es obvio. Está muy oscuro, empieza a oler mal y el humo de tabaco apenas nos deja respirar. Me pregunto por qué habrán elegido este local. O quizá, bueno, es lo que más pega con su estilo…
En cualquier caso, que acabe ya. Y me pueda acercar a Giulio. Y quizá entonces averiguar por qué me ha invitado.
Me roza el brazo izquierdo Alessandra. Su cara no es muy distinta a la de Claudia, salvo que viene acompañada por el cabreo. Nada más entrar Camillo se esfumó alegando que iba a pedir algo a la barra. Todavía ahora, noventa minutos después, no sabemos donde se ha metido. Y eso la desquicia.
Como si hubiera escuchado mi petición, el amigo ojiplático de Giulio –y que parece su sombra, ciertamente-, se acerca al micro y se despide del público, no sin antes agradecer su presencia. Salen del escenario vitoreados, y siento la emoción que estarán viviendo, donde quiera que se hayan metido. Es la misma que experimento yo cuando acabo un recital de danza clásica.
El dueño del local sale y también se despide prometiendo mucho rock. No tarda en llegar a nuestros oídos.
Nos acercamos a la barra, donde podemos hablar más tranquilamente.
¿Qué os ha parecido?
El chaval lo hace bien afirma Claudia, sorprendida—. La verdad es que muy bien. A mí me ha sorprendido. Pero este antro es horrible…
Oye, me voy a buscar a Camillo dice Alessandra, y sin esperar una respuesta, se da la vuelta y se pierde entre la multitud.
Enarco las cejas:
En fin…
Oye, ¿y tú qué vas a hacer?
Yo, ¿de qué? me hago el loco.
Vas a felicitar a Giulio o algo, ¿no? me muerdo el labio, indeciso, y Claudia frunce más el ceño. ¿Si no por qué estamos aquí?
Ya, ya lo sé pongo las manos a modo de pantalla protectora de su mordaz pregunta—. Pero estará saludando a sus amigos ahora. No quiero agobiarle…
Puede sonar estúpido, pero no sería la primera vez que me insulta o me dirige miradas cargadas de odio. Que sí, que me dijo él que viniera. Pero todavía no sé por qué.
Venga, Romeo… Vamos a ir ahora mismo.
No, no, ahora no…
Claudia me agarra de la mano y emprendemos el camino hacia la parte trasera del escenario, donde se intuye que estarán cambiándose en alguna salita destinada a ello. Al llegar a una puerta cerrada, le insisto en que nos marchemos. Voy a parecer un psicópata desesperado. Justo lo que me faltaba…
No seas gallina me dice duramente—. Tae-Min no ha venido por no enfrentarse a la cara de este tío otra vez. Pero tú estás aquí; él te ha invitado. Hay que saber qué quiere o qué le pasa. De una vez.
Claudia…
No podemos seguir hablando. La puerta se ha abierto. Y enfrente de nosotros el chico ojiplático nos mira con intriga.

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