¿Qué se hace exactamente en
situaciones como esta?
A
priori… no se me ocurre nada.
Delante de mí está Giulio.
Sin camiseta.
—Creo…
—empiezo,
y me paro. Vuelvo a coger aire y desvío la mirada del torso desnudo de Giulio,
sonrojándome—:
Creo que hemos venido en mal momento…
Retrocedo dispuesto a marcharme, pero
Claudia me agarra del brazo con tanta fuerza que me clava las uñas. Ahogo un
comentario borde sobre su actitud, pero decido no moverme.
—No,
no, qué va —dice
el ojiplático sin mirar si quiera a Giulio—.
Íbamos a por unas cervezas ahora, así que…
—Genial
—le
interrumpe Claudia—. Te
acompaño mientras… ehm, ¿Giulio se viste?
—Sí,
sí, perfecto —contesta
de nuevo, mirando a Claudia con una enorme sonrisa.
Antes de que pueda darme cuenta, se
han escabullido. Así, como por arte de magia. Y Giulio sigue estando delante de
mí, con el ceño fruncido.
—Bueno…
—comento
abriendo mucho los ojos y dirigiendo la mirada hacia mis pies.
—¿Te
ha gustado el concierto?
Me pilla por sorpresa su pregunta. Le
observo intrigado y descubro que no hay odio en él. Curiosidad, quizá. Y
amabilidad. Se da cuenta de cómo le miro y vuelve a adoptar una posición más
arrogante, levantando ligeramente la barbilla.
—Sí —le confieso. Y soy
totalmente sincero—: Lo
habéis hecho de maravilla. Yo cuando era más pequeño quería tocar la guitarra,
pero fue una tontería… —añado
con una sonrisa.
Mientras hablaba, Giulio se ha puesto
la camiseta. De nuevo, me mira.
—¿Una
tontería por qué? —pregunta
entre un tono seco e interesado.
—Pues…
—hago
memoria y rápidamente añado, convencido—:
Porque tengo las manos muy pequeñas.
Los ojos de Giulio se dirigen,
rápidamente, hacia mis manos. Me siento tan observado que me vuelvo a sonrojar.
Las meto en los bolsillos de los vaqueros y esbozo una sonrisa nerviosa.
—Pero
ya te he dicho que fue una tontería…
No contesta, pero parece incómodo por
la situación. Yo, en realidad, tampoco acabo de sentirme a gusto. Porque quizá
no entiendo de qué va todo esto.
Desde algún sitio de mi cuerpo surge
una ráfaga de calor que me abrasa por dentro.
Suspiro.
—Giulio…
¿Por qué me has invitado?
No hay comentarios:
Publicar un comentario