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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


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miércoles, 1 de junio de 2011

Romeo - XV


¿Y éste? ¿Pero de qué árbol se ha caído? –se asombra Claudia a los escasos cinco minutos de que Giulio y Francesca abandonen la academia.
Me gustaría responderle que de ninguno. Que, simplemente, es así. Pero por algún motivo que no entiendo no consigo articular palabra. A lo mejor han sido demasiadas emociones juntas. O quizá que no logro comprender, por mucho que me esfuerzo, el odio irracional que le inspiro.
Menudo capullo suelta Camillo, sin perder de vista la puerta por la que han salido, como si espera una respuesta a su observación.
¿De qué lo conocías? frunce el ceño Tae-Min.
Por un momento estoy tentado de decírselo todo. Absolutamente todo. Pero luego me muerdo la lengua. No vale la pena contar lo sucedido entre nosotros. Porque, seamos francos, no ha pasado nada. Salvo si exceptuamos sus cortesías y miradas, muy… efusivas, por así decirlo.
Agito la cabeza como contestación a la pregunta de Tae-Min. Alessandra se cruza de brazos y entorna los ojos.
Seguro que es un amargado de la vida.
Seguro coincido.
Y empiezo a pensar que de verdad es así. No sé cómo una persona tan joven puede ser tan ceniza. Y desagradable. Además, sin motivo alguno.
Pero yo me he hartado.
Francesca sí que es un encanto trato de cambiar de tema.
Y muy guapa apunta Camillo, que acto seguido recibe una mirada fulminante de Alessandra.
Empiezan a discutir sobre lo que considera Camillo belleza y no y, mientras Claudia intenta mediar entre ellos, Tae-Min se me acerca con la misma mirada ceñuda de antes.
¿Qué? me hago el inocente.
Que a mí no me engañas, Romeo.
Cuando me mira a los ojos, fijamente, tengo la impresión de que sabe lo que me sucede. De que sabe, incluso, que conocí a Giulio el mismo día que me presenté en su casa con aire distraído.
Los mejores amigos saben apreciar ese tipo de cosas. Y Tae-Min es mi mejor amigo desde hace muchos años.
Le caigo mal, simplemente me encojo de hombros. Puede pasar, ¿sabes?
No sé… murmura, indeciso.
¿No sabes qué? me sorprendo.
Yo lo he visto bastante cortante, sí. Pero también nervioso. Y me niego a creer que fuera por que le caes mal. Nadie actúa así sólo por eso.
Pues tú me dirás…
Yo lo que digo es… —se hace el pensativo y luego levanta el dedo índice como síntoma de una idea que acaba de aparecer en su cabeza. Que la respuesta está en una galletita de la suerte.
No puedo evitar reírme de su ocurrencia. Sacudo la cabeza, preguntándome cómo se le pueden ocurrir cosas así. Él, por su parte, me pasa una mano por el pelo y me lo revuelve.
Por muy mal que me haya sentado la reacción de Giulio, me concentro en el éxito de la obra y en las personas tan particulares que me rodean Camillo y Alessandra, ahora, se desafían a un duelo de miradas para decidir quién tiene razón. Claudia hace de jueza con aire resignado.
Pues si Giulio es un amargado… que se amargue.
Él mismo.
Yo, de momento, tengo una cena asiática gratis.

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