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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


Att: 'Ma che cosa' STAFF

lunes, 6 de junio de 2011

Giulio - XVI


Iván repasa por encima las letras de todas las canciones que ya se sabe. Acompaño su tarareo con un punteo de guitarra. Estamos los dos solos en el “local” de ensayo, que no es otra cosa que el garaje-trastero de la casa de Marco, nuestro batería. Y estamos solos porque el bajista y su novia no se sabe dónde andan, el otro guitarrista está de camino y el batería ha subido a hablar por teléfono y a bajarnos algo para beber. Mi amigo ojiplático revisa una vez más la lista de canciones.
—Tenemos una hora, aproximadamente —comenta —, aunque yo creo que mejor será prepararse un par de bises, por si la gente los pide. Además, que al tío le encantaste, seguro que nos da más tiempo.
—Le encantamos —puntualizo —. Deja de atribuirme todo el mérito, nada es comparado a la voz de viejo rockero que tienes tú.
—Oh, eso es que tú me escuchas con buenos oídos —bromea, y da golpes con las baquetas de nuestro compañero —. Nanana-nananana, singing… Por cierto, ¿qué tal el recital de bailarinas? ¿Mucho vuelo y mucho tutú?
Me encojo de hombros, sigo embelesado con mi guitarra. Punteo Enter Sandman y no contesto. Iván me conoce, así que no se da por vencido. Está un buen rato preguntando, lo mando un par de veces a la mierda, pero termino contándole lo que ha pasado hace sólo unas horas. No omito el detalle de la música; era la guinda para ese horrible pastel. El heavy arquea una ceja, apoya los brazos en las rodillas y suelta un suspiro profundo.
—Giulio, tío, ¿qué tienes con ese niño? —agradezco que se olvide de la música del festival —. ¿Por qué esa mala leche? ¡Si no te ha hecho nada!
—Ya lo sé —mascullo, y le doy un golpe a las cuerdas de la guitarra. Me siento en uno de los taburetes que tenemos y apoyo la cabeza en la pared—. Y no te imaginas lo que me revienta reconocerlo. Es… no me gusta la sensación que me provoca. Me hace sentir muy inseguro.
—Lo peor que nadie puede hacerle sentir al signore Scamozzi —recita Iván, moviendo la mano como un director de orquesta —. Inseguro, ¿eh? Puede que sea hasta bueno. No sé, piensa en lo que te dijo tu madre, ¿y si fuera cierto?
Lo fulmino con la mirada, pero no se amedrenta. Se rasca la perilla, reflexionando. Y, de pronto, chasquea los dedos.
—Lo tengo. Francesca tendrá su número, o el número de un amigo que te pueda conseguir el número del chaval. ¿Por qué no lo invitas al concierto? Sería una buena manera de limar asperezas. Además, le harías un favor a tu chica. ¿No me dijiste hace poco que serías capaz de cualquier cosa por ella?
—No sé, Iván…
—Venga, ¡que solo es un niño! ¿Te va a matar hacerlo?
Nos quedamos un rato en silencio.
Iván sonríe. Yo le dedico una mirada de asco. Él se descojona. Se pone de pie, me apunta con un dedo y mueve los labios:
I know, nobody knows…
—Iván, no quiero cantar —le gruño.
—…where it comes and where it goes. I know it’s everybody’s sin…
—¡Iván! —me pongo de pie. Sabe que, con esa canción, me derrumba. Será hijo de… Sin querer, se me dibuja una sonrisa. Él sigue cantando, mientras me anima a que lo acompañe —. Porca miseria!
You got to lose to know how to win…
Se queda esperando mi respuesta. Levanto la ceja. Golpeo las cuerdas de la guitarra y pego un grito:
All the things come back to you! —él da un alarido muy heavy. Nos ponemos los dos a cantar como posesos, con un sonido cutre de guitarra.
Sing with me, sing for the ear, sing for the laughter and sing for the tear! Sing with me, but juts for today. Maybe tomorrow the good Lord will take you away!
Dream on! —berrea el batería, que acaba de entrar.
Dream on! —le contesta Iván.
Dream on! —le sigo yo.
Dream until the dream con truuuuuuuuuuuuuuueeeeeee!
Me emociono tanto que empiezo el solo de guitarra. El batería salta a su asiento y se pone a aporrear los tambores con toda su fuerza. Iván pone los cuernos con la mano, coge el micrófono y grita:
—¡Adoro esta canción!
Sing with me, sing for the ear, sing for the laughter and sing for the tear! Sing with me, but juts for today. Maybe tomorrow the good Lord will take you away! Dream on! Dream on! Dream on! Dream until the dream con truuuuuuuuuuuuuuueeeeeee!
Odio al ojiplático. Lo odio por tener razón y por saberlo desde esos ojos enormes. Y me odio más a mí mismo cuando, después de colgarle el teléfono a Francesca, me quedo mirando los números del teclado. En la otra mano tengo un papel con el teléfono del chiquillo.
Suspiro.
¿Qué hago?


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