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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


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lunes, 27 de junio de 2011

Romeo - XVI


Hoy hace un sol radiante.
Lo disfruto mientras voy en bici en dirección a la heladería de mi padre. Se exhibe en el cielo brillante, pero a la vez suave. Emana la extraña sensación de que las cosas van a ir bien. Quizá, precisamente, porque empieza a hacer buen tiempo.
Noto vibrar el móvil en mi bolsillo derecho. Le dirijo un vistazo, como si así pudiera saber quién me llama. Me espero unos segundos, indeciso entre cogerlo o llamar después a quien sea. Finalmente, y haciendo eses, me bajo de la bici de un salto y la dejo apoyada contra la pared. Lo saco, algo ansioso ya por la insistencia del autor de la llamada.
Frunzo el ceño.
No conozco este número. Hago una mueca y me lo llevo a la oreja.
Pronto?
No oigo nada. Con mucho esfuerzo, una respiración. Vuelvo a mirar la pantalla, sorprendido, y decido insistir.
¿Hola?
No hay respuesta, aunque percibo de nuevo la respiración al otro lado del teléfono. Esto me está empezando a dar mal rollo.
Y, entonces…
Ciao.
Me quedo paralizado. Un escalofrío recorre mi columna vertebral y consigue que el vello de mi nuca se erice. No consigo asociar esa voz a una cara, pero algo en mi interior parece reconocerla.
Soy Giulio.
Vale. Cortocircuito total.
¿Giulio? acierto a preguntar, desorientado.
Ehm… sí. Giulio.
Su sequedad me informa de que, efectivamente, debe ser él. Su voz, sin embargo, no se me antoja tan fría como otras veces. Que, si te fijas en realidad, es bonita y todo. Agito la cabeza y trato de volver a la realidad.
Mira, yo… ehm uf, realmente está incómodo. Te quería preguntar… de nuevo otro titubeo. Si tú… me tiene en tensión, en serio. Queríasveniraunconciertodemigrupo.
Me cuesta un poco descifrar su última petición, pero cuando lo hago, no puedo evitar sonreír ampliamente. Esto es surrealista. Quiere que vaya a un concierto. ¿De su grupo?
Enfrente de mí pasa una señora que se queda mirándome fijamente. Intento borrar un poco mi aparente felicidad, y toso para aclararme la voz. Sin embargo, cuando voy a contestarle, nuestro primer encuentro se me atraganta en la garganta.
¿A qué viene este cambio de actitud?
Si siempre me ha tratado mal… ¿Qué significa esto?
¿Es una broma?
¿Romeo?
Pero qué bien suena mi nombre en sus labios. Y más aun cuando lo pronuncia sin asco. Dejo de lado todo el daño que me haya podido hacer.
Claro que iré vuelvo a sonreír: Ahm… dime exactamente dónde, cuándo…
Sí, sí…
Retengo en mi memoria los datos, y nos despedimos. Me quedo mirando el móvil durante un rato con la duda de si he soñado la situación. Además, yo nunca le he dado mi móvil a Giulio…
La misma señora de antes, que ya debe haber adquirido lo que quería en una tienda próxima, vuelve a pasar enfrente de mí y observa con sorpresa mi gran sonrisa. Enarco una ceja, amenazante. Ella agita la cabeza, y cuando se aleja, la oigo decir “ma… la gioventù”.
Chasqueo la lengua con cierta resignación, y vuelvo a subir a la bici, seguro de que nada ni nadie puede estropear mi día.

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