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¡Que te diviertas con Giulio y Romeo!


Att: 'Ma che cosa' STAFF

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Romeo - XX


Todavía permanezco en la misma posición un minuto. Quizá dos.
Sacudo la cabeza, como si así pudiera espantar los pensamientos que se agolpan en mi cabeza.
¿Por qué “le apetecía”? ¿Por qué “se alegra de verme”?
¿Hola?
Que levante la mano quien lo entienda.
Me dirijo de nuevo hacia la masa de gente con la esperanza de encontrar a Claudia e irnos de Cutrelandia. La verdad es que después de las palabras de Giulio, no sabría qué hacer si me lo volviera a encontrar.
Obviamente, no doy con ella, así que opto por ir a la barra, que es el punto de reunión en ocasiones como esta. Allí no hay nadie –al menos que yo conozca-, de manera que espero recostado contra la pared hasta que aparezcan. Creo distinguir, en un momento determinado, el pelo de Giulio. Pero para cuando me quiero fijar más, ha desaparecido de mi campo de visión.
En fin.
¡Romeooo!
Giro la cabeza hacia la izquierda y me encuentro con Camillo. Está apoyado contra la pared, y adivino por su poca estabilidad lo mucho que ha bebido. Resoplo y me acerco a él para ayudarle a mantenerse de pie.
¡Viva el rock! grita cuando empiezo a arrastrarle hacia la salida.
A nuestro paso algún que otro personaje se gira y le palmea el hombro por su repentino amor hacia este tipo de música. Cuando finalmente salimos, cojo una bocanada de aire y siento a Camillo en el bordillo de la acera. Luego miro hacia la entrada, dubitativo. Opto, finalmente, por enviarle un mensaje a Claudia. Mientras tanto, me dejo caer al lado de Camillo, que comienza a divagar.
Pero el heavy… ¿viene del rock? se rasca la nariz. ¿O al revés? ¿O qué pasó ¿Quién rompió la primera guitarra?
Lo miro de reojo con el ceño fruncido.
Está fatal.
Pues a mí no me ha gustado –declara al final-. Alessandra se ha ido y no la he visto en toda la noche.
Sí, se ha ido a buscarte. Tú has sido el primero en desaparecer le corrijo guardando el móvil y mirando hacia la puerta del garito.
Durante unos segundos se queda mirándome fijamente, como si de verdad su cabeza la permitiera pensar en estos momentos. Luego, desvía la mirada hacia un punto inexacto de la carretera.
Pero si a mí me gusta…
Le miro con sorpresa. Una cosa es que todos lo sepamos, pero hasta la fecha no teníamos ninguna prueba de que Camillo hubiera admitido sus sentimientos. Desde luego, es una revelación.
Pues nadie lo diría… comento.
Claro asiente y me mira, confidente. Porque si no sería demasiado fácil… frunzo el ceño y, antes de que pueda hablar, me interrumpe. Son las cosas que hacen gracioso el amor y todo eso. Es un juego…
La puerta de la entrada se abre. De ella salen Claudia y Alessandra torpemente. La primera se me acerca y observa el estado de Camillo. Bufa.
No se te puede sacar de casa, ¿eh?
Sho… controlo acierta a decir Camillo.
Alessandra mueve la cabeza, pero veo en su mirada que se siente incapaz de hacer comentarios. Además, está encogida sobre sí misma, lo que demuestra que se está congelando. Me incorporo y me quito la cazadora. Luego, mientras se la pongo sobre los hombros, les propongo la idea de coger un taxi y llevar a Camillo a casa.
Creo que ha sido a mejor idea de toda la noche murmura Claudia, resignada por la extraña velada que hemos pasado.
Ya en el taxi, miro por la ventana las calles de Roma. Y me pregunto, si como Camillo, Giulio cree que casi todo lo que le rodea… es un juego.

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